martes 29 de julio de 2008

A Dafne ya los brazos le crecían

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu'el oro escurecían;
 
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo 'staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
 
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
 
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

Soneto XIII

Garcilaso de la Vega


Aprovechando mi reciente visita a Roma, caput mundi, comparto con vosotros esta impresionante escultura del maestro del Barroco Giovanni Lorenzo Bernini y el poema homónimo de nuestro poeta renacentista Garcilaso, quizás el más influido junto con Boscán por el dolce stil novo o la nueva métrica italiana renacentista.

El poema y la escultura hablan del mito de Dafne y Apolo; Apolo, perdidamente enamorado, perseguía a la ninfa Dafne, que no le correspondía, y ésta, para evitar ser violada, se convierte voluntariamente en laurel, un árbol de hoja perenne mediterráneo.

Lo más curioso, pero, es el momento que la escultura representa y que en el poema se observa en las dos últimas estrofas: Apolo llora desesperadamente por la pérdida de su amada, y sus lágrimas riegan el laurel que en consequencia va creciendo, cosa que entristece aún más a Apolo. Se cierra, por lo tanto, el círculo vicioso del dolor amoroso.

Este mito también se puede ver en un fragmento de la Égloga III, también de Garcilaso.

Dinámene no menos artificio
mostraba en la labor que habia tejido,
pintando a Apolo en el robusto oficio
de la silvestre caza embebecido.
Mudar presto le hace el ejercicio
la vengativa mano de Cupido,
que hizo a Apolo consumirse en lloro
después que le enclavó con punta d’oro

Dafne, con el cabello suelto al viento,
sin perdonar al blanco pie corría
por áspero camino tan sin tiento
que Apolo en la pintura parecía
que, porqu’ella templase el movimiento,
con menos ligereza la seguía;
él va siguiendo, y ella huye como
quien siente al pecho el odïoso plomo.

Mas a la fin los brazos le crecían
y en sendos ramos vueltos se mostraban;
y los cabellos, que vencer solían
al oro fino, en hojas se tornaban;
en torcidas raíces s’estendían
los blancos pies y en tierra se hincaban;
llora el amante y busca el ser primero,
besando y abrazando aquel madero.

Además de toda la poesía de Garcilaso de tema mitológico, tenemos también una pequeña parte de su obra en latín, lengua en la que empezó a escribir cuando ingresó en la Academia Pontaniana. El problema es que se conservan muy pocos poemas; tan sólo tres odas. Para el que le interese, aquí encontrará una explicación de las odas y su relación con el momento de la vida del autor.

martes 22 de julio de 2008

Mis opiniones sobre el Orberg (autodidacta)

A punto de finalizar este método para el aprendizaje del latín de forma autodidacta, y viendo todas las opiniones y alabanzas que suscita, me dispongo a compartir mis observaciones y vivencias.
Antes que nada, y para el que no lo sepa, Hans Orberg -autor del método- es un experto en lenguas clásicas que ha diseñado una forma para aprender latín como si se tratara de una lengua viva. El método se llama "Lingua latina per se illustrata" y consta de dos partes, Familia Romana y Roma Aeterna. El método enseña el latín desde cero y progresivamente, mediante el uso de indicaciones de vocabulario en los márgenes, explicaciones de gramática y ejercicios, el nivel de dificultad va aumentando junto con nuestra capacidad para enfrentarnos a estructuras cada vez más complejas.
El método descarta el uso del llamado análisis, que la mayoría de alumnos de latín y griego hemos sufrido. Además, el método se propone prescindir de diccionario para comprender los textos.

Cabe decir que, durante el tiempo que he estado trabajando con Familia Romana, he aprendido mucho más latín que en cualquier tiempo pasado. He ido asimilando una gramática que antes tenía que repasar constantemente y a la que no encontraba el sentido. He aprendido montones de vocabulario que facilitan la comprensión de los textos y reducen la labor de diccionario. Incluso he aprendido a escribir en latín sin demasiadas dificultades.
Es evidente que el método funciona y cumple con sus objetivos (enseñar latín), además de ser sumamente entretenido. Pero, como tantas otras cosas, dista de ser perfecto. He aquí algunas breves objeciones que he ido haciendo a medida que avanzaba en el aprendizaje; su intención no es desvirtuar un método, sino más bien advertir a aquellos que se interesen por él y compartir mis experiencias de autodidacta - probablemente con un profesor delante no hubiera tenido tantos problemas:

· Las explicaciones de la gramática, especialmente en las unidades más avanzadas, son confusas. Al estar íntegramente en latín a veces es complicado encontrar un equivalente en nuestra lengua para poder traducir mentalmente los textos. Por ejemplo, la explicación de los participios de futuro (unidad XXIII) o de los supinos (unidad XXII) es poco clara y está muy centrada en los ejemplos.

· Hay unidades con un vocabulario EXCESIVO en número. Para los que tenemos el hábito de ir apuntando las palabras nuevas, resulta muy evidente que hay unidades que introducen una cantidad de vocablos nuevos muy alta, cosa que complica su asimilación y la comprensión del texto.

· El significado de algunas palabras que son indicadas en los márgenes, ya sea con ilustraciones o aclaraciones, puede inducir a error o a generalizaciones. Este es el caso de palabras como enim, de la que suponemos un significado que luego es muy variable, o quid.

· Al menos el Familia Romana, no hay ejercicios para asimilar el vocabulario anterior y hay palabras que salen una vez y a revoir.

· Hay unidades que plantean un salto de dificultad muy grande con respecto a la anteriores. Es este el caso de las unidades VIII, XVI o XXII.

· Realmente, el sistema inductivo no suple las consultas de diccionario, al menos para un autodidacta. A partir de la unidad VIII las consultas son constantes y pocas palabras tienen explicaciones al margen.

A pesar de esto, el método es, sencillamente, el mejor de todos. Más información aquí.

domingo 13 de julio de 2008

Los orígenes de la lógica en Grecia

Por poca utilidad práctica que pueda tener la lógica, no se puede negar que se inventó a efectos prácticos. Su nacimiento me lo explico del siguiente modo: cuando entre los eleatas, los megáricos y los sofistas se había desarrollado cada vez más el gusto por la disputa hasta convertirse poco a poco casi en una adicción, la confusión en la que caían casi todas las disputas pronto hubo de hacerles sentir la necesidad de un proceder metódico para cuya instrucción hubo que buscar una dialéctica científica. Lo primero que se hubo de observar era que las dos partes disputantes siempre tenían que estar de acuerdo respecto de alguna proposición a la que se pudieran remitir los puntos conflictivos en la disputa. El comienzo del procedimiento metódico consistía en expresar formalmente como tal esa verdad comúnmente admitida y ponerla al frente de la investigación. Mas al comienzo esas proposiciones no afectaban más que al material de la investigación. Pronto se cayó en la cuenta de que también en el modo en que se retrocedía a la verdad comúnmente admitida y se pretendían derivar de ella las propias afirmaciones, se seguían ciertas formas y leyes acerca de las cuales, sin haber acuerdo previo, nunca se discrepaba; por lo que se vio que tenían que constituir el curso peculiar y esencial de la razón misma, el elemento formal de la investigación. y aunque el tema no era susceptible de duda ni discrepancia, alguna mente sistemática hasta la pedantería tuvo la idea de que quedaría muy bonito y completaría la dialéctica metódica si esa parte formal de toda disputa, ese proceder regular de la razón misma, se expresara también en principios abstractos que, al igual que aquellos principios comúnmente admitidos en relación con la materia de la investigación, se pusiera al frente de la investigación como el canon fijo del disputar al que siempre había que volver la mirada y apelar. Al pretender de este modo que en adelante se reconociera conscientemente como ley y se expresara formalmente lo que hasta entonces se había seguido como por acuerdo tácito o ejercitado como por instinto, poco a poco se fueron encontrando expresiones más o menos perfectas para los principios lógicos, tales como el principio de contradicción, el de razón suficiente, el de tercio excluso, el dictum de omni et nullo, y luego las reglas especiales de la silogística como, por ejemplo, ex meris particularibus aut negativis nihil sequitur, a rationato ad rationem non valet consequentia, etc. Que eso se llevó adelante con gran lentitud y fatiga, y que hasta Aristóteles quedó muy incompleto, lo apreciamos en parte en la torpeza y prolijidad con que se sacan a la luz las verdades lógicas en algunos diálogos platónicos, pero todavía más en el informe de Sexto Empírico sobre las disputas de los megáricos acerca de las leyes lógicas más sencillas y simples, y el esfuerzo que les costaba esclarecerlas (Sexto Empírico, Adv. Math., libro 8, pp. 112 ss.). Pero Aristóteles reunió, ordenó y corrigió todo lo que se había descubierto previamente, llevándolo a una perfección incomparablemente superior. Si se observa de este modo cómo el curso de la cultura griega había preparado y dado lugar al trabajo de Aristóteles, menos inclinado se estará a creer las declaraciones de los autores persas que Jones, muy favorable a ellas, nos ha transmitido, a saber: que, entre los hindúes, Calístenes había inventado ya una lógica completa y se la había remitido a su tío Aristóteles (Asiatic researches, vol. 4, p. 163). -Puede comprenderse fácilmente que en la triste Edad Media al espíritu escolástico, ávido de disputas y alimentándose solo de fórmulas y palabras a falta de todo conocimiento real, la lógica aristotélica le hubiera de ser sumamente bienvenida, que se aferrara ansiosamente a ella incluso en su mutilación árabe y pronto la erigiera en el centro de todo saber. Pese a haber decaído desde entonces su prestigio, ha conservado hasta nuestra época la fama de una ciencia autónoma, práctica y sumamente necesaria: incluso en nuestros días la filosofía kantiana, que tomó de la lógica su piedra angular, ha despertado un nuevo interés por ella que, desde luego, merece a ese respecto, es decir, como medio para el conocimiento de la esencia de la razón.

El mundo como voluntad y representación

Arthur Schopenhauer