y en luengos ramos vueltos se mostraban;en verdes hojas vi que se tornabanlos cabellos qu'el oro escurecían; de áspera corteza se cubríanlos tiernos miembros que aun bullendo 'staban;los blancos pies en tierra se hincabany en torcidas raíces se volvían. Aquel que fue la causa de tal daño,a fuerza de llorar, crecer hacíaeste árbol, que con lágrimas regaba. ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,que con llorarla crezca cada díala causa y la razón por que lloraba! Soneto XIII
Garcilaso de
Aprovechando mi reciente visita a Roma, caput mundi, comparto con vosotros esta impresionante escultura del maestro del Barroco Giovanni Lorenzo Bernini y el poema homónimo de nuestro poeta renacentista Garcilaso, quizás el más influido junto con Boscán por el dolce stil novo o la nueva métrica italiana renacentista.
El poema y la escultura hablan del mito de Dafne y Apolo; Apolo, perdidamente enamorado, perseguía a la ninfa Dafne, que no le correspondía, y ésta, para evitar ser violada, se convierte voluntariamente en laurel, un árbol de hoja perenne mediterráneo.
Lo más curioso, pero, es el momento que la escultura representa y que en el poema se observa en las dos últimas estrofas: Apolo llora desesperadamente por la pérdida de su amada, y sus lágrimas riegan el laurel que en consequencia va creciendo, cosa que entristece aún más a Apolo. Se cierra, por lo tanto, el círculo vicioso del dolor amoroso.
Este mito también se puede ver en un fragmento de la Égloga III, también de Garcilaso.
Dinámene no menos artificio
mostraba en la labor que habia tejido,
pintando a Apolo en el robusto oficio
de la silvestre caza embebecido.
Mudar presto le hace el ejercicio
la vengativa mano de Cupido,
que hizo a Apolo consumirse en lloro
después que le enclavó con punta d’oro
Dafne, con el cabello suelto al viento,
sin perdonar al blanco pie corría
por áspero camino tan sin tiento
que Apolo en la pintura parecía
que, porqu’ella templase el movimiento,
con menos ligereza la seguía;
él va siguiendo, y ella huye como
quien siente al pecho el odïoso plomo.
Mas a la fin los brazos le crecían
y en sendos ramos vueltos se mostraban;
y los cabellos, que vencer solían
al oro fino, en hojas se tornaban;
en torcidas raíces s’estendían
los blancos pies y en tierra se hincaban;
llora el amante y busca el ser primero,
besando y abrazando aquel madero.
Además de toda la poesía de Garcilaso de tema mitológico, tenemos también una pequeña parte de su obra en latín, lengua en la que empezó a escribir cuando ingresó en









